lunes, 6 de mayo de 2013

DEFINICIÓN DE ABSURDO


¿Definición de absurdo? Fácil.

(1)
Sales a pasear por Pontevedra un sábado cualquiera –el sol generoso y el cambio de escenario, que se agradecen– y, ya en el casco histórico, frente a la estatua de Valle-Inclán, te cruzas con los mismísimos Faemino y Cansado. Al principio dudas, claro, pero tu novia corrobora echando la vista atrás, “Sí, son ellos”. Detienes tu marcha y piensas: absurdo. Entonces sonríes y te acuerdas de Kierkegaard, por supuesto. Entre otras cosas.

(2)
También recuerdas cómo, hace ya muchos años, tu padre volvió de un congreso médico en Londres emocionado porque había coincidido en Heathrow con el putísimo David Bowie. “Le habrás pedido un autógrafo ¿no?”; pero conocías la respuesta de antemano: tu padre era (y en parte sigue siendo) una persona cabal que jamás se rebajaría a la absurda liturgia del mitómano. Daños colaterales: tus amigos no iban a creerte, claro. El Viejo se encogió de hombros y pensaste: absurdo. No hay pruebas. Hay que joderse.

(3)
Volviéndote hacia los reyes del humor absurdo le dices a tu novia: “Voy a pedirles un autógrafo”. Ella, más que sonreír, se ríe directamente de ti. Sabe algo que tú tampoco ignoras, y es que estás a punto de comportarte como el típico cretino provinciano que quizás nunca has dejado de ser. “No es para mí: es para mi padre”, te justificas. Absurdo. “¡Bendito seas, Luis!”, escribe Cansado en tu libreta. Agradeces el gesto, vuelves a pensar en David Bowie y finalmente comprendes que ese autógrafo, más que un regalo para el Viejo, es el secreto cumplimiento de una venganza surrealista.