jueves, 30 de mayo de 2013

CLIMATOLOGÍA ADVERSA DEL ALMA


Momentáneamente a salvo de tanta lluvia –vale que estemos en Galicia, pero también estamos a junio, por amor de Dios– termino el último de los relatos que conforman Lluvia de hielo y asumo que su autor, el suizo Peter Stamm, ha conseguido capturar en un libro del grosor de un lápiz la esencia de la climatología adversa del alma. A continuación cierro ese libro y recuerdo que hace algunos años, en Santiago de Compostela, mientras trataba de llegar a mi facultad, se desató una tormenta (con aguacero incluido) tan desproporcionada que me obligó, por no llevar paraguas, a refugiarme en una cafetería del casco histórico. “Habrá que esperar a que escampe”, me dijo el camarero con una sonrisa cómplice al verme entrar tiritando y calado hasta los huesos. Pedí un café con leche, hojeé la prensa y, desechada ya –por temeraria– la idea de asistir a clase, pensé en la naturaleza de la lluvia, en la lluvia misma, en el tiempo. Durante varias horas. Hasta el mediodía quizás, tomando maquinalmente un café tras otro. Afuera seguía lloviendo y ya está, me temo que eso era todo. Era sólo lluvia y yo estaba allí, encerrado, pensando en la lluvia, y no recuerdo nada más de aquel día excepto la lluvia.
La lluvia es a veces todo.